Hijo de Roldán magno, rey
de Francia, Hermano del legendario Roldán, Sobrino pues de Carlomagno. Queriendo
peregrinar a Santiago de Compostela, embarcarse en un viaje que por motivos de
un temporal a punto estuvo de naufragar, viéndose Ginés culpable de tal
tormento, tomó la iniciativa de saltar al mar embravecido, convirtiéndose su
casulla en barcaza llevándole esta a tierras de cabo palos. Al monasterio llegaría
Ginés para hacer vida de ermitaño. Viéndose su padre con precaria salud, y sin
saber si su primogénito Ginés quería ser el heredero de su Reino, mandó a sus
hermanos roldan y Oliveros en su búsqueda. Y aquí llegarían un día los
emisarios a convencerse de lo que Ginés hacía. Vuelta de estos Francia, contaría
lo que habían visto y oído. Urgiendo la renuncia de Gines al trono de Francia pero
esta vez de puño y letra y no de palabra, vuelven los emisarios al monasterio por
la carta. Ginés contesta que él pretende un trono espiritual y no el de los
francos. Muere Ginés. Más tarde pretenderán que sus restos sean transportados a
Francia. Inútil porfía. Al llegar allá, la caja debe haber viajado vacía cómo porque
así está al abrirla. Al parecer, los restos han vuelto milagrosamente al
monasterio cartagenero del Mar Menor. Los restos serán enterrados en algún
lugar ignorado de allí. Lo que a crecer a el fervor por encontrarlos. Convirtiéndose
Ginés en salvador y Santo de los marineros y navegantes, allí acudían gentes de
todos los lugares y todas las clases a solicitar milagros y prebendas.
Uno de los primeros testimonios que nos hablan de San Ginés de la Jara es un manuscrito anónimo de finales del siglo XV, donde describe brevemente pasajes de la historia cercana al Santo que influenció en sus decisiones y estilo de vida.
Texto anónimo siglo XV

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